sábado, 21 de enero de 2012

Relato breve sobre un destino incierto







El pueblo entero se paralizó, aquel sonido era como el susurro de la muerte. 
Por un momento la lluvia parecio dejar de caer, los vientos dejaron de encontrarse con los inanimados y tiesos rostros de las espantadas personas. 
El mismo sol se oculto de los ojos de estas. 

Aquel sonido tan funesto, tan sombrio y tan tenebroso se aproximaba cada vez más. Todos se refugiaron en sus casas y se escucharon los fuertes estruendos de las puertas. 

Hubo un momento en que todos solo miraron esa figura. A lo lejos se veia al peregrino negro haciendo sonar una oxidada campana. 

Su sendero no tenia futuro y caminaba con dificultad con un baston de madera casi tan podrida como su piel, pero no como su maltratado noble espiritu.

Tales situaciones hacian dudar de la existencia de un Dios, aunque de todos modos en esos tiempos, uno no debia, ni podia hacerlo.

De repente interrumpio su caminata. 
Todos esperaban que hiciese algo. pero simplemente se quedo mirando a su alrededor y cuando le vieron el rostro, a todos se les enfrío el alma.
Menos a alguien. 
Un niño salio de una cabaña pobre y se paró en frente de este ser. Dejo un pan envuelto en trapos en el suelo, no paso ni unos segundo sin que su madre lo recojiera corriendo devuelta a casa. 
No pudo evitar grabar ese rostro de agradecimiento como ningún otro le hubiera dado antes en su vida. 
El peregrino dificultosamente se agacho y tomo el pan, lo guardo entre sus cosas y siguió el sendero hacia quién sabes donde, tal vez nisiquiera él.

En esos tiempos la lepra era la muerte en vida.

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